jueves, 11 de mayo de 2017

Las Colaboraciones de Mike Oldfield, David Bedford, por The Watcher



David Vickerman Bedford (Londres, Inglaterra; 1937) es un compositor y teclista que desde muy pequeño se sintió atraído por la música. No es de extrañar esto, dado que su abuela era la compositora Liza Lehmann y su abuelo el compositor y pintor Herbert Bedford. Su madre y su hermano también estaban relacionados con la música. En este ambiente, David Bedford comenzó a hacer sus pinitos en composición con sólo siete años. Sus estudios académicos los inició en la Royal Academy of Music de Londres bajo la tutela de Lennox Berkeley. Su talento y trabajo le hacen merecedor de una beca para estudiar en Venecia con el compositor Luigi Nono, en 1961. En los 60 es cuando el joven Bedford inicia su carrera como compositor a nivel profesional. Sus intereses estaban cercanos a la música sinfónica y de cámara, y sus obras de esa época suelen adscribirse al avant-garde, en la línea de John Cage, con influencias minimalistas. La obra de composición más temprana de la que he encontrado información es Two Poems for a Chorus, de 1963. En 1965 compone A Dream of the Seven Lost Stars y Music for Albion Moonlight, que será el primer trabajo editado en vinilo de Bedford, en 1970. En esta primera etapa ya quedan patentes ciertas características de su música que se convertirán en constantes: por ejemplo, el interés por los coros y la constante experimentación musical, tanto en la forma como en el fondo. Sirva de muestra la pieza With 100 Kazoos, que está pensada para que el público participe en la música usando kazoos. 

A finales de los sesenta, da inicio una etapa en su carrera en la que Bedford se sumerge en el rock a la vez que continua con sus trabajos clásicos. Su primer contacto con la música popular es la ópera de 1968 From Marie Antoinette to the Beatles. Poco después se encargará de los arreglos orquestales el disco de Kevin Ayers Joy of a Toy. Así es como conoce al carismático ex-Soft Machine y entra a formar parte de su banda. Son los tiempos dorados de Kevin Ayers and the Whole World, donde Bedford se ocupaba de los teclados y de ocasionales arreglos. Y, a partir de Shooting at the Moon (1970), también aparece un jovencísimo Oldfield como bajista y guitarrista. Su talento impresionó a David Bedford, y ambos iniciaron una relación de amistad basada en la música que dio grandes frutos por ambas partes. Seguramente Bedford asistió muy de cerca a la grabación de las primeras maquetas que por entonces Oldfield ya estaba haciendo circular, aunque sin éxito. Ambos aparecen también en el siguiente trabajo de Ayers, Whatevershebringswesing (1972). Bedford aún participará en Bananamour (1973) y Yes We Have No Mananas (1976) —únicamente con los arreglos de un tema—. Previamente, en 1970, compone un pieza para grupo de cámara y banda de rock, que grabó con Ayers, Oldfield y Robert Wyatt y que no vio la luz hasta el año 97. El primer trabajo en solitario de Bedford que es editado en LP es Nurses Song with Elephants (1972), un recopilatorio de grabaciones hechas en años anteriores, de piezas con fuerte influencia minimalista y música extraña y desconcertante por momentos.


En 1973 Mike Oldfield revoluciona el mercado de la música con Tubular Bells, disco que influye mucho en Bedford. Se había demostrado que se podía hacer un álbum con música instrumental, con temas complejos de larga duración. Siguiendo este esquema, Bedford lanza, bajo el sello de Virgin, Star’s End (1974). Es el primero de una serie de discos que podrían encuadrarse en una definición amplia del rock progresivo, y que por ello y por contar en varios con la colaboración de Oldfield, creo que son de mucho interés para el aficionado a este último. En Star’s End tenemos dos temas largos, uno en cada cara del vinilo, que son una auténtica maravilla. El peso lo lleva la Royal Philarmonic Orchestra, pero también aparece en algunos pasajes la guitarra de Mike Oldfield, y es un trabajo que demuestra el extraordinario talento de David Bedford para la composición. Su siguiente disco, The Rime of the Ancient Mariner (1975) también cuenta con la colaboración de Oldfield, y en él Bedford hace mucho más hincapié en los teclados y pianos de todo tipo, interpretados por él. The Odyssey (1976) sigue en esa dirección. Es un álbum excelente, tal vez el más conocido de Bedford, en el que basándose en la obra de Homero construye una obra hipnótica y fascinante con abundante uso de sintetizadores y secuenciadores, a los que exprime todas sus posibilidades. De nuevo cuenta con Oldfield a la guitarra, en dos cortes, The Sirens y la espectacular Phaeacian Games. Instructions for Angels (1977) ahonda en la experimentación con teclados y sintetizadores, y para mí es el mejor disco de esta etapa de Bedford, o al menos mi favorito. Está compuesto por variaciones de un mismo tema, una melodía presentada al principio del álbum que Bedford retuerce y hace evolucionar en diferentes e insospechados caminos. En la pista Instructions for Angels encontramos además una de las guitarras más espectaculares de Mike Oldfield, apoyada únicamente por un tenue acompañamiento al teclado: seis minutos de desenfreno del mejor Oldfield, en lo que parece por momentos casi una improvisación grabada de una sola toma. Para mí, la mejor colaboración del de Reading, junto a Downwind con Gong.

Tras ese álbum Bedford fue alejándose paulatinamente del rock progresivo para volver a centrarse en las composiciones clásicas. Star Clusters, Nebulae and Places in Devon y The Song of the White Horse (1983) son dos piezas editadas conjuntamente que en realidad fueron compuestas en 1971, y la ópera Rigel 9 (1985), coescrita con la autora de fantasía y ciencia ficción Ursula K. Leguin, tiene aún ciertos elementos progresivos, pero definitivamente Bedford cierra aquí una etapa. Eso no significa, ni mucho menos, que su producción sea menor, sino que es más desconocida por el gran público.

En los años ochenta el compositor comienza a orientar su producción a un interesante campo: la educación musical. Durante los años anteriores había enseñado música en varios centros y colegios británicos, pero a partir de ahora escribe muchas piezas pensadas para la enseñanza —Frameworks (1989), por ejemplo— y además ocupa varios puestos de importancia relacionados con la misma —actualmente es el director de la Academia Británica de compositores—. Al mismo tiempo, realiza innumerables trabajos de encargo entre los que se cuentan sinfonías, música para cuartetos de cuerda y de vientos, coros y grupos de cámara. Trabaja además en varias bandas sonoras y colabora en discos de bandas y solistas como A-ha, Enya, Elvis Costello o Robert Harper.

En los años 90, su producción es aún más cuantiosa. Sigue con las mismas actividades de la década anterior, escribiendo una obra para ser interpretada por niños sordos y orquesta sinfónica, Stories from the Dreamtime (1991), y a la vez concentra su producción propia, que es imposible de listar aquí de forma exhaustiva. Great Equatorial (1994) es un trabajo electrónico en el que Bedford vuelve a demostrar su afición por la ciencia ficción y la astronomía, compartida por Mike Oldfield, como sabéis. Tiddalik the Frog (1997) es una obra para trío de cuerda, y The Sultan’s Turret (1997) es para orquesta sinfónica. My Mother, My Sister and I (1999), una ópera, es una de sus últimas grabaciones, y el año pasado estuvo trabajando en un nuevo proyecto por encargo, Wake into the Sun.

En los últimos años, lejos de ir abandonando la actividad, Bedford sigue manteniendo una envidiable energía. El año pasado cumplió setenta y un años, y pese a ello continua grabando y dirigiendo multitud de proyectos, manteniendo siempre su mismo espíritu innovador y la misma ilusión.


En lo que respecta a su colaboración con Oldfield, creo que es de justicia decir que, posiblemente, David Bedford fue uno de los más importantes y de los que más influencia tuvo en su música, si no el que más. Fue parte, en aquellos primeros años, de un reducido círculo en el que también estaba Kevin Ayers, y gozaba de toda la confianza de Oldfield, lo cual, conociendo como conocemos su complicado temperamento, no es decir poco. Más allá de la colaboración concreta y tangible en sus discos, creo que lo más importante fue el intercambio creativo entre ambos, las ideas musicales que Oldfield maduró en un ambiente extraordinariamente propicio y beneficioso para su música, ambiente en el que Bedford era pieza clave. En la forma de construir texturas con capas de teclados y el uso de sintetizadores de obras como The Odissey y Instruction for Angels veo muchas similitudes con, sobre todo, Hergest Ridge e Incantations; el interés en la idea de la música como ciclos, el uso de bucles, tan del uso de los minimalistas, es algo que estuvo presente en la obra de ambos, y no de manera casual.

David Bedford aparece en muchos de los trabajos de la primera época de Oldfield. En Hergest Ridge se encarga de la dirección del coro femenino y la sección de cuerda; en 1974 fue el responsable de las versiones orquestales de Tubular Bells y Hergest Ridge, con buenos resultados, en mi opinión; colaboró en muchos de los singles de esos años: Don Alfonso —voz—, First Excursion —piano y sintetizador—, Speak (Tho’You Only Say Farewell) —piano y voz—; en el recopilatorio Boxed, además de aparecer varios fragmentos de álbumes de Bedford con guitarras de Oldfield, encontramos el tema corto de Bedford The Rio Grande, igualmente con Oldfield como guitarrista; en Incantations vuelve a dirigir los coros y las cuerdas, tan importantes en este álbum; en Platinum se encarga de arreglos vocales; en QE2, vuelve a arreglar coros y cuerdas, concretamente en los temas Arrival y Wonderful Land; y en The Killing Fields, último disco de Oldfield en el que participa, compone The Year Zero y arregla de nuevo coros y sección de cuerda. En los conciertos de los setenta también podemos encontrar el nombre de Bedford. En la premiere de Tubular Bells se ocupó de dirigir al coro y los arreglos de cuerda, además de hacer piano, teclados y acordeón. Y seis años después, en la gira Exposed, vuelve a ocuparse de los arreglos de la sección de cuerda de la Orquesta Sinfónica de Londres que acompañaba a la banda, además de hacer percusiones puntuales, con gong y pandereta. Además, los aficionados españoles tuvieron la suerte de disfrutar con su participación en el Tubular Project de noviembre de 2003, donde hizo de maestro de ceremonias en la parte uno de Tubular Bells y tocó teclados en la parte dos de la sección del hombre de las cavernas en adelante.

Creo que David Bedford es un genio con todas las letras, al menos de la misma talla que Mike Oldfield. Un hombre humilde y culto, dedicado en cuerpo y alma a la música, con una energía que contrasta dolorosamente con un Oldfield que siendo quince años más joven parece abandonado a la desidia. El hecho de que nunca alcanzara ni la mitad de fama que él creo que se debe a que la música de Bedford supone un placer más cerebral, más frío quizás, mientras que las obras de Olfield, son viscerales, con más pasión y garra. Son distintas y a la vez muy similares, porque ambas están inspiradas por lo mismo: un talento incomparable.

Acabemos con un vídeo


NOTA ACLARATORIA: éste artículo se escribió en 2008, por eso, The Watcher nombra que ese mismo año Bedford cumplía 71 años. Pero por desgracia, 3 años más tarde abandonó éste mundo, exáctamente el 1 de octubre del 2011. Sirva éste artículo como tributo a éste gran músico tan importante en la vida y obra de Mike Oldfield.

2 comentarios:

  1. Muy buena persona y músico. Tuvimos la suerte de conocerlo hace ya unos años en Aranjuez, en el Tubular Project, en el que hizo de maestro de ceremonias.

    ResponderEliminar
  2. Sin duda fue una gran y muy buena influencia para Oldfield.En cuanto a su vertiente creativa su musica en general no me dice mucho.Me quedo con algunas colaboraciones que hizo con Mike, a excepción de Speak.

    ResponderEliminar