miércoles, 26 de septiembre de 2018

Oldfield en España - Parte 2



No podemos dejar de mencionar a Discoplay, empresa pionera de la venta de discos por correo, que empezó a funcionar a nivel nacional desde principios de los setenta. Con epicentro en su mítica tienda de los Sótanos de Gran Vía de Madrid, y sobre todo a partir de la publicación del BIP (Boletín Informativo Discoplay), hasta su desaparición en el año 2007, Discoplay llevó a todos los rincones de España la posibilidad de conseguir referencias de un extenso catálogo que, hasta entonces, estaba reservado a los habitantes de las grandes ciudades.



Pero, volviendo al tema de las revistas musicales, añadiremos que, si bien La Ley de Prensa del régimen franquista mantuvo una fuerte censura, que también se hizo notar en las publicaciones musicales con la imposición de frecuentes multas, en 1977 fue derogada en favor de la libertad de expresión, por lo cual, a fines de los setenta, la prensa musical ya pudo desarrollarse sin cortapisas. Para entender hasta qué extremos podían llegar los censores, valga un ejemplo: en 1976, se prohibió la publicación del álbum Zuma, de Neil Young, alegando que en una de sus canciones, la larguísima Cortez the killer, se maltrataba la memoria del conquistador Hernán Cortés (lo cual sólo puede aplicarse al título de la canción, no a su letra, bastante metafórica e inconcreta; en cualquier caso, al público rockero esta prohibición le pareció una muestra más de lo absurda y ridícula que podía llegar a ser la autoridad política de entonces).

Poco después, asistiríamos a la desaparición de Disco Expres que, a partir de 1976, dejó de publicarse en Pamplona, después de seis años de trayectoria intachable, y pasó a Barcelona, donde la editaría Gay & Company, la empresa del citado promotor Gay Mercader. La revista pasó a quincenal y en color, acogiendo la obra gráfica de dibujantes y fotógrafos de la talla de Ceesepe, Mariscal o Alberto García Alix, pese a lo cual no pudo mantenerse y cerró en 1979.

En cuanto a radio y televisión, encontraremos ya por estos años a grandes profesionales, como Carlos Tena y Ángel Casas, trabajando para distintos medios (Casas fue uno de los fundadores de la revista Vibraciones, por ejemplo), antes de confluir en el programa televisivo de referencia para los melómanos de aquella época: nos referimos a PopGrama, cuyo principal mérito, de cara a los seguidores de Oldfield, fue ofrecernos un fragmento de su mítica actuación en Madrid, en el año 1979, junto con una impagable entrevista con el músico.


Precisamente fue en aquel año 79 cuando Enrique Tierno Galván accedió a la alcaldía de Madrid, desarrollando una política cultural que trajo consigo la creación de la llamada Movida madrileña, la cual vino a opacar tendencias anteriores menos domesticables, como el rock urbano, desarrollado principalmente en Madrid, con grupos como Asfalto o Leño, casi todos ellos editados por Vicente Mariscal Romero en su sello Chapa Records. En paralelo, fue desarrollándose el heavy español, con Barón Rojo a la cabeza, sin que faltara algún viejo rockero (de esos que nunca mueren) convenientemente adaptado a los nuevos tiempos, como el incombustible Miguel Ríos. Por último, a fines de los setenta tuvo lugar el agotamiento del rock sinfónico o progresivo en su versión española. A diferencia de los anteriores, fue un fenómeno más bien periférico, desarrollado sobre todo en Cataluña, con grupos como Máquina o Iceberg (este último comandado por el guitarrista Max Sunyer y por el teclista Kitflus, seguramente dos de los mejores músicos que ha dado este país). Mientras, en Andalucía, la magistral fusión del rock y flamenco del grupo Triana acabó arrasando en toda España. Por el contrario, los cántabros de Bloque, quizás los más genuinos representantes de esta corriente progresiva, no disfrutaron del éxito masivo que hubieran merecido, sobre todo si nos atenemos a sus increíbles actuaciones en directo.



Tubular Bells llega a España: seguimiento de noticias en Disco Expres

Por cuanto Disco Expres fue el buque insignia de la prensa musical española, a esta revista correspondió el mayor protagonismo en la difusión de la obra de Mike Oldfield, al menos a partir de Tubular Bells y hasta Ommadawn. Jordi Sierra i Fabra lideró la empresa con bastante acierto y, en este sentido, puede decirse que fue el pionero en la difusión de la obra de Oldfield por estas tierras.


De hecho, tanto en prensa como en sus muchos libros, sobre todo en su famosa Historia de la Música Rock, nunca se cansó de repetir que los más grandes de los setenta fueron Mike Oldfield y el grupo Queen. Incluso en libros más recientes, como la novela juvenil Sonidos del corazón, publicada en el año 2012, podemos leer lo siguiente: - ¿No hubo artistas nuevos en ese tiempo? - Muy pocos, todos puntuales. Las grandes aportaciones británicas fueron Queen y Mike Oldfield. E insiste en su Historia del Rock: la música que cambió el mundo (2016): Si Queen fue el grupo, Mike Oldfield fue el artista individual más sorprendente… se convirtió en uno de los grandes, con una serie de álbumes impecables. Es decir, que Sierra i Fabra sigue divulgando entre los jóvenes de hoy la música de aquella Edad de Oro y, gracias a él, Oldfield no deja de ganar nuevos seguidores.


Continuará...

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