sábado, 22 de septiembre de 2018

Oldfield en España - Parte 1


Un mercado musical en vías de desarrollo

El panorama de la música rock en los primeros años setenta, cuando Mike Oldfield empezó a ser conocido en España y en el resto del mundo, puede describirse como en trance de formación o, lo que es lo mismo, no existía propiamente un público masivo para este tipo de música, sino jóvenes aficionados, más o menos informados, en los grandes núcleos de población, mientras que en el medio rural el rock era desconocido en su mayor parte. No obstante, pronto se pusieron los medios para remediar estas carencias, derivadas de tres décadas de aislamiento del país con respecto al resto de la cultura occidental, gracias en gran parte a la labor divulgativa llevada a cabo por la cada vez más importante prensa musical, y a la celebración de los primeros conciertos de grandes bandas inglesas que, poco a poco, fueron confiando en el mercado español, de manera que puede decirse que nuestro país se incorporó con rapidez a los circuitos de consumo de la música rock desde mediados de los años setenta.

La prensa musical de entonces y la organización de los primeros conciertos

A fines de los años sesenta ya se publicaban revistas especializadas de buen nivel, como Mundo Joven, donde colaboraban grandes nombres de la música española, como Joaquín Díaz, junto a críticos no menos afamados, como el añorado José María Íñigo. No obstante, es a Disco Expres, semanario en formato periódico, en blanco y negro, al que debemos en mayor medida la creación de un público rockero en España, llevando a cabo una gran labor divulgativa de las diversas corrientes y estilos procedentes de Europa y EE. UU., sin descuidar por ello la promoción de la música española. Parte muy destacada de esta publicación fueron las colaboraciones de Jordi Sierra i Fabra, quizás el crítico musical más influyente de aquella época, ya que también formó parte de otras revistas surgidas por entonces, como Popular 1 o El Gran Musical (donde escribía regularmente otro gran crítico, también bastante añorado: Joaquín Luqui). Por todo ello, Disco Expres fue sin duda la publicación musical más importante entre 1970 y 1976. En ella colaboraron, junto con Sierra i Fabra, críticos de la talla de Diego A. Manrique, Vicente Mariscal Romero, Antonio de Miguel, Oriol Llopis o Gonzalo García-Pelayo (este último también exitoso productor discográfico que, al frente del sello Gong, creado en 1974 dentro de Movieplay, dio a conocer a Triana y otros grupos del llamado rock andaluz).


En la estela de Disco Expres, aparecieron poco después Popular 1 y Vibraciones, que rivalizarían entre sí hasta la desaparición de la segunda. Sierra i Fabra dirigió Popular 1 hasta que la abandonó, en 1976, para pasarse al campo de la literatura, especializándose, con el paso de los años, en novela juvenil. No obstante, siguió colaborando ocasionalmente en Súper Pop, publicación que empezó a editarse en 1977, y que se convertiría en la revista musical española más vendida de la historia, al dirigirse a un público de adolescentes entregadas al fenómeno fan, tanto de ídolos nacionales como extranjeros. Sierra i Fabra también participó en la fundación de otras publicaciones de vida efímera o menos influyente, como Magazine o Extra.


Por su parte, Gay Mercader ha sido el gran promotor de conciertos en nuestro país desde que, allá por los primeros años setenta, consiguió lo imposible: que grupos de rock progresivo de la categoría y dificultad de King Crimson o Genesis actuasen en España, o que en julio de 1976 los mismísimos Rolling Stones accedieran a honrarnos con su visita. Entre tanto, otros grandes grupos, como Queen, también se habían presentado por estas tierras por primera vez y, en definitiva, se estaba consiguiendo crear un gran público rockero que, como queda dicho, en décadas anteriores no pudo existir por el aislamiento cultural de España durante la posguerra hasta que, a partir de los años sesenta, el fenómeno del turismo empezó a abrir un poco el país y se produjo una cierta mejora en la calidad de vida de la población en general, empezando a consumir productos como la música, que ya no eran de primera necesidad.

Puede decirse, respecto a estos conciertos primerizos, que no quedó más remedio que improvisar y, como suele decirse, empezar la casa por el tejado, es decir que, si bien se organizaron conciertos de músicos ya conocidos que resultaron bastante exitosos, no es menos cierto que otros muchos fracasaron, sobre todo cuando se trataba de artistas no tan famosos o directamente desconocidos. Esto fue lo que sucedió, por ejemplo, con las actuaciones de Caravan, excelente representante del sonido Canterbury que, en abril de 1974, apenas reunió público en Barcelona: nadie los conocía porque todavía no se había publicado ninguno de sus discos en España. 

Peor fue el caso de la cantante inglesa Sandy Denny, maravillosa intérprete de música folk-rock, integrante de Fairport Convention, cuya actuación en Barcelona, en junio de 1973, fue boicoteada por la vergonzosa actitud de un público que no respetó a esta gran artista, la cual terminó como pudo su actuación y, finalmente, acabó llorando en el camerino. Aunque Sandy tuvo mejor acogida en su actuación de Madrid, no parece que le quedaran ganas de volver por aquí. A pesar de todo, estos casos habría que achacarlos más bien a un desconocimiento por parte del público que, poco a poco, se fue corrigiendo y, por lo general, no volvieron a repetirse en lo sucesivo (salvo la debacle de Lou Reed en el campo del Moscardó, ya en 1980, de la cual preferimos no acordarnos).


Continuará...

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